Gráfico sobre la diferencia entre los renders inmobiliarios y la realidad, cuestionando la pérdida de árboles al mostrar la construcción en obra gris de un gran edificio rodeado de terreno deforestado.

Proteger el agua en Nuevo Cuscatlán empieza mucho antes de abrir el grifo

Cuando hablamos de proteger el agua, normalmente pensamos en una tubería.

O en un pozo.

O en cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes.

Pero existe otra parte de la historia que ocurre mucho antes.

Antes de llegar a nuestras casas, el agua también tiene una relación con el territorio.

Con el suelo.

Con la vegetación.

Con las pendientes.

Y con los lugares donde la lluvia puede infiltrarse.

Esta relación es especialmente importante en Nuevo Cuscatlán.

Hay zonas donde el agua condiciona qué puede hacerse

La ordenanza municipal reconoce específicamente zonas de protección hídrica, identificadas de acuerdo con criterios como áreas de recarga y radios de protección alrededor de fuentes de agua, pozos y manantiales. En ellas se establecen restricciones frente a actividades potencialmente contaminantes.

Esto revela algo importante:

La protección del agua no comienza únicamente cuando existe escasez.

Comienza desde la planificación del territorio.

¿Qué tiene que ver el suelo?

Muchísimo.

Cuando llueve, una parte del agua puede desplazarse superficialmente y otra puede infiltrarse.

La capacidad de hacerlo depende de diferentes características del terreno.

La zonificación ambiental oficial de Nuevo Cuscatlán utiliza precisamente variables como topografía, recarga hídrica y cobertura vegetal para analizar la vocación y sensibilidad ambiental del suelo.

Por eso proteger el recurso hídrico también implica preguntarnos qué estamos haciendo con el territorio sobre el cual cae la lluvia.

Y aquí aparecen los árboles

La conversación sobre deforestación en Nuevo Cuscatlán suele concentrarse en cuántos árboles fueron retirados.

Es una pregunta legítima.

Pero desde la perspectiva del agua necesitamos agregar otras:

¿En qué zona estaban?

¿Qué características tenía el suelo?

¿Era una zona de alta recarga?

¿Qué cobertura permanecerá?

¿Existe reforestación?

La zonificación ambiental actual establece criterios especialmente restrictivos para la degradación de cobertura en zonas de alta recarga hídrica.

Eso significa que ubicación y función ambiental importan tanto como cantidad.

Reforestación en El Salvador

Reforestar también necesita contexto

Del otro lado aparece la reforestación en Nuevo Cuscatlán.

Plantar árboles puede aportar beneficios, pero tampoco deberíamos reducir la protección hídrica a una ecuación de “quitamos X y sembramos Y”.

Un árbol joven no reemplaza inmediatamente todas las funciones de vegetación establecida durante años.

Y tampoco cualquier árbol sembrado en cualquier sitio produce exactamente el mismo resultado.

Una estrategia ambiental seria debería preguntarse dónde la vegetación genera mayor valor para el territorio.

Una ciudad también necesita superficies capaces de convivir con la lluvia

El crecimiento urbano inevitablemente incorpora techos, calles, estacionamientos y otras superficies.

La cuestión es cómo se equilibra ese crecimiento.

Cuando una ciudad impermeabiliza terreno necesita gestionar el agua que antes podía comportarse de otra manera.

Por eso los procesos de factibilidad de proyectos incluyen precisamente componentes relacionados con aguas lluvias.

Agua y urbanización no son conversaciones independientes.

No todo Nuevo Cuscatlán debería tratarse igual

Este quizá sea el concepto que más necesitamos incorporar al debate.

La zonificación ambiental oficial no clasifica todo Nuevo Cuscatlán como un único territorio.

Integra ecología, hidrología, riesgo geológico y desarrollo urbano para establecer diferentes niveles y condiciones de uso.

Por tanto, la pregunta ambiental correcta no es simplemente:

“¿Se puede construir?”

Es:

“¿Qué puede hacerse específicamente aquí y bajo qué condiciones?”

Proteger el agua también protege la ciudad

Cuando cuidamos quebradas, zonas de recarga, cobertura vegetal y superficies permeables no estamos protegiendo algo abstracto.

Estamos hablando del territorio donde vivimos.

La protección hídrica se conecta con abastecimiento, manejo de lluvia, calidad ambiental y capacidad de las ciudades para adaptarse a su crecimiento.

Por eso debería formar parte de cualquier conversación seria sobre desarrollo urbano.

Necesitamos mejores preguntas

Cuando aparezca una nueva construcción en Nuevo Cuscatlán, podríamos preguntar:

¿Qué zonificación tiene el terreno?

¿Existe recarga hídrica relevante?

¿Hay fuentes de agua cercanas?

¿Cómo se manejarán las aguas lluvias?

¿Cuánta superficie permanecerá permeable?

¿Qué vegetación debe conservarse?

¿Qué medidas deberán ejecutarse?

Son preguntas mucho más difíciles de responder que un “sí” o un “no”.

Precisamente por eso son mejores.

Conclusión

El debate ambiental en Nuevo Cuscatlán no debería reducirse a estar a favor o en contra de construir.

Tampoco debería limitarse a deforestación versus reforestación.

El agua nos obliga a mirar el territorio completo.

Suelo, vegetación, pendientes, zonas de recarga y crecimiento urbano están conectados.

Y si queremos una ciudad capaz de crecer sin deteriorar los recursos que necesita para existir, quizá deberíamos comenzar con una idea sencilla:

el agua se protege mucho antes de que llegue a nuestras casas.


FAQ

¿Existen zonas de protección hídrica en Nuevo Cuscatlán?

La normativa municipal identifica zonas de protección hídrica considerando áreas de recarga y radios de protección de fuentes como pozos y manantiales.

¿Qué relación existe entre vegetación y protección del agua?

La cobertura vegetal forma parte de las variables consideradas por la zonificación ambiental junto con topografía y recarga hídrica.

¿Todo Nuevo Cuscatlán tiene la misma sensibilidad hídrica?

No. La zonificación ambiental diferencia condiciones y usos según las características del territorio.

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